Carta para ti.

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LIBROS

jueves, 7 de septiembre de 2017

Corrompía, la libélula, sus ojos...


Corrompía, la libélula, sus ojos, cuando las alas se desvanecían. Fue cielo, fue luna, pero no fue mar. Fue risa, fue llanto, pero no fue al azar. Una sola vez, supo que sería inmortal hasta que cerró el capítulo (Sandricuentos 452).



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